El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía emitió un informe técnico definitivo que desaconseja el traslado del «Guernica» de Pablo Picasso fuera de Madrid. El documento, fundamentado en estudios de conservación exhaustivos, señala que las dimensiones de la pieza —7.8 metros de largo por 3.5 metros de alto— y su estado de degradación física tras décadas de viajes internacionales imposibilitan cualquier movimiento sin riesgo de daños irreversibles.
La disputa técnica inició tras la solicitud del líder regional vasco, Imanol Pradales, quien busca llevar el lienzo al Museo Guggenheim de Bilbao en 2027. El motivo es el 90º aniversario del bombardeo de la ciudad de Guernica, ocurrido en 1937. Pradales calificó la petición como una «reparación simbólica», sin embargo, los especialistas del museo capitalino advierten que las «alteraciones» que presenta la obra son ya cuantificables y preocupantes.
El lienzo ha tenido una vida logística intensa. Entre 1939 y 1981 permaneció en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), tras haber sido exhibido en la Exposición Universal de París y realizar giras por países como Japón. No fue sino hasta 1981, tras el retorno de la democracia a España, que la obra llegó al Museo del Prado, para ser transferida en 1992 a su ubicación actual en el Reina Sofía.
Desde la perspectiva técnica, el Ministerio de Cultura ha respaldado la autonomía del museo. La portavoz del Gobierno central, Elma Saiz, confirmó que la decisión final se basará estrictamente en «criterios profesionales», priorizando la integridad del óleo sobre las negociaciones políticas entre la administración de Pedro Sánchez y los partidos nacionalistas vascos que sostienen su coalición.
Históricamente, el cuadro ha sido negado a otras instituciones de prestigio mundial. En 1995, se rechazó un préstamo al Centro Georges Pompidou de París, y en 1996, el propio Bernard Picasso, nieto del artista, se opuso a cualquier traslado temporal alegando la fragilidad de la tela. Estos antecedentes refuerzan la postura de inamovilidad que el museo sostiene en la actualidad.
El Reina Sofía ha implementado sistemas de monitoreo digital para registrar cada microfisura en la superficie del cuadro. Los expertos coinciden en que, debido a su magnitud y a la técnica de aplicación de la pintura, cualquier cambio en la tensión del bastidor o en las condiciones climáticas de transporte podría resultar en el desprendimiento de capas pictóricas originales.